El Nobel de la Paz que empezó una guerra

El nobel de la paz que empezó una guerra
El nobel de la paz que empezó una guerra

Abiy Ahmed Ali nació en la región etíope de Oromía. Su padre era musulmán y su madre, ortodoxa. Años más tarde, él se convirtió al protestantismo. Con tan solo 15 años se unió a la lucha armada contra el régimen marxista de Mengistu Haile Mariam instaurado en Etiopía entre 1987 y 1991.

Mientras realizaba el servicio militar para las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía, obtuvo el grado en ingeniería informática. En 2010, después de haber vivido en primera persona las atrocidades de la guerra, dejó de lado su carrera en el ejército para dedicarse a la política.

Llegó a ser la primera persona de etnia oromo en convertirse en primer ministro de su país en el año 2018. Un año después recibió el Premio Nobel de la Paz por haber puesto fin a los enfrentamientos entre Etiopía y Eritrea y por las negociaciones llevadas a cabo por él mismo. Pero Abiy Ahmed no es el protagonista de esta historia. 

Historia del conflicto

En noviembre de 2020, el primer ministro Ahmed ordenó al ejército etíope entrar en la región de Tigray y retirar del poder, por la fuerza si era necesario, al partido regional: el Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés). El ataque fue la respuesta del gobierno de Etiopía a las elecciones regionales que se llevaron a cabo en esta región, que habían sido pospuestas por el gobierno central ante la pandemia del Covid-19. 

El TPLF, de ideología nacionalista y marxista leninista, fue el partido fuerte de la coalición que gobernó Etiopía desde 1991, hasta que Abiy Ahmed llegó al poder. En su manifiesto ideológico defienden la secesión de Tigray de Etiopía y la proclamación de una república comunista independiente. En la Constitución etíope de 1994, la etnicidad es un aspecto clave, y por ello se reconoce el derecho a la secesión de las regiones administrativas en las que se divide el país, aunque en realidad prácticamente es improbable que llegue a ocurrir. 

En 2018 el TPLF fue apartado del gobierno, y limitado al control de su región. Entonces, convocaron unas elecciones regionales no autorizadas para septiembre de 2019. Así es como se convierte en la región rebelde, pero la lucha no comenzó hasta un año después, cuando el gobierno acusó al frente de atacar una base del ejército federal en Mekelle, capital de Tigray, si bien, según informa José Ignacio Contreras de Descifrando la guerra, estos ataques no han sido probados todavía.  

Ofensiva en la región de Tigray

En el momento en el que comenzó la ofensiva, se cortaron en la región todos los servicios de telecomunicaciones y se restringió el acceso a las organizaciones humanitarias. Después de casi seis meses, está comenzando a llegar la ayuda internacional, aunque de momento solo a las principales poblaciones. 

Más de tres millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y han huido a otras partes de Etiopía o incluso a otros países. La frontera con Sudán es la que más personas está cruzando. Se quedan en los poblados cercanos a Etiopía con la esperanza de reencontrarse con sus familias, mujeres, maridos, padres… que muchas veces no llegan, y con quienes tampoco pueden comunicarse.

Desde que se inició la ofensiva del gobierno sobre Tigray han fallecido más de 52.000 civiles en los bombardeos que han destruido ciudades y pueblos enteros. Estas cifras están lejos de ser las verdaderas; nadie conoce las reales con exactitud. 

Guerra y hambre

La guerra y el hambre han ido casi siempre de la mano. El Sistema de Alerta Temprana de Hambrunas (FEWS, por sus siglas en inglés) ha denunciado que más de un millón de personas podrían morir de inanición en Tigray si no se permite la entrada de la ayuda humanitaria a toda la región.

Los tres partidos opositores al gobierno central de la región tigrina han denunciado que se está utilizando el hambre como arma de sometimiento. Pero la población etíope no es la única afectada por esta crisis. A lo largo del tiempo y a lo ancho del Cuerno de África, Etiopía se ha convertido en hogar de cerca de un millón de refugiados procedentes de Somalia, Sudán, Sudan del Sur y Eritrea, que ya no tienen a dónde ir. 

Desde que firmaron la paz, las vecinas Eritrea y Etiopía se han apoyado en sus esfuerzos por hacer de la región del Cuerno de África una de las más prósperas, aunque se trata de una de las más inestables del continente. Esta no iba a ser una excepción, aunque en principio ambos gobiernos negaron la participación de soldados eritreos en el conflicto.

Crímenes de guerra

La Comisión de Derechos Humanos de Etiopía reportó la denuncia de 108 casos de violación solo en la región de Tigray en los dos primeros meses de 2021, aunque en realidad sean seguramente muchos más. Los soldados eritreos son los acusados de la mayoría de los peores abusos cometidos en la región. En abril 2021 el gobierno federal etíope admitió la presencia de soldados eritreos entre sus filas y anunció su retirada definitiva de Tigray. 

El líder del TPLF, Debretsion Gebremichael, ha denunciado el carácter étnico de los asesinatos indiscriminados que se están cometiendo en Tigray. Mientras tanto, el Primer Ministro anuncia que “nuestra nueva Etiopía estará basada en la igualdad de todos sus grupos constituyentes, incluida la población sufriente de Tigray”, pero su eliminación sistemática queda lejos de convertirse en su ansiada igualdad.

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