La justicia inglesa frenó los tratamientos Trans en menores por estas evidencias científicas

Keira Bell saliendo del juzgado
Keira Bell saliendo del juzgado

Para el Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra y Gales fueron determinantes las evidencias científicas que demostraban lo pernicioso del “cambio de sexo” en menores de edad, a la hora de dictar sentencia en el caso Keira Bell.

Keyra Bell, de 23 años, había demandado a la clínica Tavistock, un centro británico especializado en «reasignaciones de género». Cuando tenía 17 años le inyectaron testosterona y le hicieron una doble masectomía. Ahora, arrepentida, querría volver a su sexo biológico pero algunos de los cambios que se le hicieron son irreversibles. Consideraba que no se le advirtió ni se examinaron alternativas puramente psiquiátricas a su disforia de género.

El peligro de los bloqueadores hormonales 

Una de las declaraciones demoledoras que pudo escuchar el Tribunal fue la del profesor Chistopher Gillberg, psiquiatra infantil, y director de un equipo de investigación en neuropsiquiatría en la universidad de Gotenburgo (Suecia).

El doctor Gillberg señaló que la prescripción de fármacos para bloquear la pubertad -primer paso de un tratamiento de género- es un escándalo equivalente a llevar a cabo «un experimento» con niños vulnerables. «En mis años como médico, no puedo recordar un asunto de mayor importancia para la práctica de la medicina», afirma. «Hemos abandonado la práctica clínica basada en pruebas y, basándonos en una creencia, estamos utilizando en adolescentes y niños vulnerables medicaciones muy potentes que transforman su vida».

Los hechos que  presentaron el doctor Gillberg y otros expertos ante el tribunal son los siguientes:

  • Los fármacos bloqueadores de la pubertad pueden causar daños al cerebro del paciente y a su desarrollo óseo.
  • Las clínicas animan a las niñas adolescentes que cambian su género a elegir a donantes de esperma para fecundar óvulos y congelarlos, señal de que consideran que la infertilidad puede ser una consecuencia irreversible del tratamiento.
  •  Los médicos no están advirtiendo de los riesgos de infertilidad que plantean los bloqueadores de la pubertad.
  • Los niños que se arrepienten del tratamiento se ven a sí mismos como «atrapados» en cuerpos nuevos.
  • Hay portales de internet que convencen a los chicos autistas de que son transgénero, cuando simplemente lo que tienen son «conflictos de identidad».

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