Universidades inglesas en contra de las normas ortográficas “elitistas”

La Universidad de Hull es uno de los centros académicos a favor de esta medida
La Universidad de Hull es uno de los centros académicos a favor de esta medida

Varias universidades de Inglaterra han pedido a sus docentes que no sancionen a aquellos alumnos que cometan faltas de ortografía o gramática. El motivo, según ellas, es que exigir un correcto uso del idioma es “homogéneo, noreuropeo, blanco, masculino y elitista”. Argumentan que un profesor que insista en el buen inglés está discriminando a las minorías étnicas,  a los alumnos de otros países, y a aquellos que hayan estudiado en colegios de bajo rendimiento.

Así lo argumenta la Universidad de Hull, que expone que el objetivo es no desanimar a los estudiantes que saquen peores notas por proceder de entornos menos favorecedores. En la misma línea están la Universidad de Worcester y University of the Arts London, que han pedido a sus profesores aplicar estas medidas para “no imponer una idea de lo que es el «inglés correcto» para sus alumnos.

La medida responde a una iniciativa de la Oficina de Estudiantes, entidad independiente del Gobierno que se encarga de regular la educación superior. Según señalaba este organismo, existen diferencias académicas entre determinados grupos, diferencias que deben ser salvadas. Ahora bien, al conocer las medidas propuestas por estas universidades, la Oficina se ha mostrado en contra, ya que considera que la solución no puede pasar por una bajada generalizada del nivel académico.

Voces a favor y en contra

En este mismo sentido, la Ministra de Universidades de Inglaterra, Michelle Donelan, afirmó estar “horrorizada”, ya que esta medida suponía una rebaja de los estándares educativos. Según ella, lo adecuado sería lo contrario: subir los estándares y proveer de una mejor educación a las clases más desfavorecidas.

Desde el ámbito universitario, también se han levantado voces contrarias a la propuesta. Según Frank Furedi, catedrático emérito de Sociología de la Universidad de Kent, supone una “normalización del analfabetismo. Empeora la educación, no la mejora”. Furedi, por cierto, es de origen húngaro, por lo que el hecho de que el inglés sea su segunda lengua no le ha impedido alcanzar el reconocimiento académico.

En el miso sentido, el profesor Alan Smithers, experto en educación de la Universidad de Buckingham, afirma que “claro que los exámenes y las normas están para discriminar: discriminar entre aquellos que pueden y aquellos que no, incluyendo si eres capaz de expresarte correctamente por escrito”.

Parece que son muchas las voces que consideran un sinsentido esta propuesta. A pesar de que estas universidades se empeñan en mostrar estas medidas como “inclusivas”, reducir los estándares educativos es, a todas luces, una forma de dar soluciones fáciles y populistas, cayendo en la mediocridad generalizada. Una vez más, vemos cómo se intenta conseguir una igualdad de resultados, en lugar de una igualdad de oportunidades, algo que pasaría por mejorar la educación de millones de niños británicos.

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